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Testimonios

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Beatriz:

Con esta entrada pretendo darle las gracias a Berta, mi luz en la oscuridad, por todo lo que me ha ayudado, y compartir con todo el que lo quiera leer mi experiencia.

A principios del 2013 comencé a sentirme tremendamente mal, desanimada, desilusionada, sin fuerzas, todo ello desembocó en una baja por depresión y stress a principios del 2014, con su correspondiente tratamiento farmacológico y asistida por una psicóloga.
Deciros primeramente que las “pastillitas” no son ninguna solución, no son una mejoría real, lo único que hacen es ocultar el problema debajo de aportes químicos que suplen lo que tu cuerpo deja de producir. Y como lo oculto siempre termina saliendo a la luz cuando dejas de tomarlas todo vuelve pie atrás y con más virulencia si cabe.

En mi caso la psicóloga tampoco fue de ninguna ayuda (y eso que iba a título particular), era una amargura ir a consulta destrozada, verte tumbada mirando a la pared (como si estuvieras castigada sin amigos) mientras te decía: “cuéntame todo lo que te apetezca” pero sin ni una pizca de interés por mí en sus palabras, me sentía un mueble más de la habitación. Si a esa sensación le unes el hecho de que soy muy reservada se crea un coctel explosivo.

Desde Enero hasta Agosto estuve en tratamiento farmacológico (con la psicóloga solo aguante mes y medio) y mientras estuve medicada todo iba sobre ruedas: no había preocupaciones, no había penas. El problema llegó cuando me retiraron el tratamiento y mi cuerpo seguía demandando las sustancias que le hacían sentirse bien y que ya no recibía. Y ahí volví a caer en picado.
En Septiembre entré otra vez en el “reverso tenebroso” pero yo ya tenía claro lo que no quería … y era volver a anestesiarme con pastillas, aunque tampoco tenía nada claro cómo conseguirlo.
Hasta que por casualidades de la vida (aunque todos sabemos que las casualidades no existen) conocí de la existencia de una terapeuta con muy buenos referentes y probé.

Yo llegue a su consulta completamente destrozada como persona, hundida en la miseria, solo sabía llorar, no dormía, no comía, tenía ataques de ansiedad continuos, me veía inútil para desempeñar mi puesto de trabajo o para enfrentar cualquier problema por nimio que fuera, no sabía quién era, ni hacia donde iba y lo peor de todo … no era capaz de controlarlo.
Desde el primer momento que entré por la puerta me acogió, me serenó, estableció conmigo una relación de confianza (que no de condescendencia), sentía que lo que me pasaba realmente le importaba, que me escuchaba y además opinaba sobre lo que le contaba (que si habéis ido alguna vez a un psicólogo eso es como descubrir agua en mitad del desierto) y se implicaba conmigo.
Es una persona que te da un bofetón de realidad en cuanto lo necesitas, y te insta a moverte, porque si tú no te mueves y pones de tu parte para salir de ahí ella no va a poder hacer nada, es una terapeuta …. no la virgen de Lourdes, y aunque su parte del trabajo es importantísima (pongamos un 70 %) el resto depende de ti.
Desde el minuto uno me hizo reflexionar, relativizarlo todo, poco a poco consiguió que entrara en contacto de nuevo conmigo misma, fue deshaciendo nudos que me habían marcado desde joven sin ni siquiera yo saberlo, fue sanando mi mente y mi alma y como resultado también fue sanando mi cuerpo y aunque aún queda mucho trabajo por hacer, hoy en día y después de dos meses y una semana no me parezco ni por asomo a aquella sombra que entro aquella tarde en su consulta.

Jamás, jamás tendré palabras suficientes para agradecerle a Berta lo que está haciendo por mí, porque de no haberla encontrado no sé dónde estaría hoy.

Berta, te agradezco tu humanidad, tu calidez, tu sinceridad, tu saber hacer, tu implicación, tu comprensión, tus reprimendas, tus palabras de ánimo, tu paciencia, la serenidad que emanas y que transmites a los que vamos angustiados y la seriedad que demuestras en tu trabajo. Quizás no exagero si te digo que te debo la vida que estoy empezando a descubrir, porque sin ti nada de esto hubiera sido posible para mí.

Un gran abrazo y espero que mis palabras os sirvan.- Beatriz

 

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